Producción
 

Nazis, masones, fruticultura y narcotráfico

23/06/2010 

Drogas en el camino de las manzanas

José Francisco Canosa Sánchez estuvo vinculado durante décadas al comercio de frutas del Alto Valle. Actualmente reside en Brasil. Afirma que existió un vínculo entre ex militares alemanes radicados en Argentina y el narcotráfico y reúne pruebas para revelar este vínculo en un libro. La historia tiene su capítulo local. Hace más de 40 años se habría usado el circuito de las peras y manzanas para el comercio de drogas ilegales, algo que, hasta hace apenas una semana, no registraba antecedentes.
por Susana Yappert
José Francisco Canosa Sánchez es un ex vecino de General Roca, Río Negro, que vive hace 22 años en Piçarras, Santa Catarina, Brasil, pero estuvo vinculado durante décadas al comercio de la fruta del Alto Valle. Hace un tiempo comenzamos a escribirnos porque se cruzaban algunas de nuestras investigaciones en torno a la historia regional. Fue entonces que me contó que estaba escribiendo una novela titulada “Los primeros barones del narcotráfico”, cuyo protagonista es otro ex vecino de la región, el alemán y ex presidente de la Cámara Agraria de Cervantes, Albrecht Boheme, quien habría dirigido grandes embarques de drogas utilizando la ruta de la fruta valletana. Una historia interesante para visitar estos días en los que se descubrió uno de los cargamentos más importantes de cocaína que registra la Argentina en un conteiner de manzanas con destino a España.
Según Canosa Sánchez, existió un vínculo entre ex militares alemanes radicados en Argentina y las drogas. Y reúne pruebas para revelar este vínculo desconocido en un libro. Lo interesante de esta historia es que tiene su capítulo local, que hace más de 40 años, sumó el comercio de drogas el circuito que recorrían las peras y manzanas que salían del Valle hacia el mercado interno y hacia el exterior, algo que hasta hace una semana no tenía antecedentes.
Albrecht Boheme, un alemán con profusa biografía, sospechado de alojar en su chacra de Cervantes al ex jerarca nazi Joseph Mengele y a Hans Rudel; según le consta a Sánchez, habría sido también un narcotraficante.
La afirmación podría ser interpretada como un capítulo más de la leyenda Boheme, pero el relato de Canosa Sánchez cobra sentido cuando habla en primera persona, cuando revela que fue testigo involuntario de una operación de trafico de drogas provenientes de la zona cordillerana, de paso por el Valle con destino a Córdoba, operación coordinada por Boheme, a quien Sánchez asistió circunstancialmente como chofer y “hermano” de confianza de la Logia Masónica hacia 1983 (ver “Fragmentos…”).
Según el autor del libro aún inédito, Boheme usó todos sus recursos para convertirse en uno de los primeros “barones de la droga” a nivel local;  incluido el pasaporte que le significaba ser parte de la Federación de Productores de Río Negro y Neuquén;  sus relaciones comerciales con camaradas alemanes de la cordillera, todos miembros de una logia masónica con sede en Chile, quienes formaban parte de una vasta red dedicada al narcotráfico, y que incluía también a la estructura de Corpofrut y frigoríficos exportadores de carnes y pescados.
 
Albrecht Boheme
Canosa Sánchez tiene su primer contacto con Boheme por la principal actividad económica de la región, la fruticultura; pero gana su confianza cuando acepta la invitación del controvertido alemán para ingresar a la Logia Masónica. “Conocí a Boheme en la década del 60 y lo ayudé en su vejez a solucionar muchos problemas hasta el día de su muerte. Fue él quien me inició en la Masonería a comienzos de los ‘70”.
Canosa Sánchez cree que el voto hacia él, probablemente, se determinó por la relación que Boheme tuvo con su tío materno, Francisco Javier Canosa, un personaje fundamental en la biografía de Boheme al finalizar la Segunda Guerra. “Mi tío fue un peronista que de simple funcionario ascendió a cónsul en Yugoslavia en tiempos de Perón y que habría ayudado a salir a algunos alemanes perseguidos en Europa hacia Argentina, vía el puerto de Trieste, a cambio de bienes” (ver PDF adjunto). Efectivamente, fue éste funcionario quien ayudó a escapar a Boehme y a su esposa.
 “La vida de este hombre es fascinante. Decidí escribir esta historia por mi pasión por la historia y la literatura, pero sobre todo por el personaje. Considero que Boheme merece un libro, porque trae muchas otras connotaciones históricas, como la de los nazis en Argentina, las drogas, la relación de Perón con los nazis, las mafias; la vinculación en la que aparece mi tío Pancho como Embajador en Yugoslavia, la CIA; y otros temas que aparecerán en el libro, como los hechos políticos de la fruticultura valletana y datos de la vida personal de este alemán. Si bien la dimensión de narcotraficante es nueva, se trata de un aspecto más de un personaje muy rico. Con sólo mencionar que participó en la operación Walkiria, el atentado contra Hitler, por el que fue perseguido por las propias SS, podemos advertir su perfil”.
Canosa Sánchez tomó contacto con Boheme cuando administraba La Bodega Berardi, “entonces se estaba formando la Cámara Agraria de Cervantes. Recuerdo una vez, en enero, estábamos preparando un despacho de vinos para Bahía Blanca cuando vi la pick up Chevrolet 64 de Boheme, quien me llamó a los gritos. Al aproximarme lo vi desnudo, había peleado con su amante, que lo había dejado sin ropas en las bardas. Le conseguí ropa de un peón ya que las mías eran pequeñas para su cuerpo. Desde entonces fuimos estrechando vínculos. En su vejez fui su hermano fiel, ya que sus amigos y hasta sus abogados lo abandonaron o se aprovecharon de él. Impedí su suicidio, organicé su viaje a Estados Unidos y a Europa para rescatar a su hija alemana, hija extramatrimonial que había tenido con una enfermera durante la guerra, a quien dejó una herencia de un millón de dólares. Organicé el entierro de Bertha, su esposa. Pero hubo algo muy importante, en aquella época, me inició en la Masonería. Fui iniciado en el año 1970 al grado de Aprendiz, luego de estudios preliminares y de leer libros sobre la naturaleza masónica. Era una Logia pequeña. Sus bases estaban en Chile. Estaba formada por alemanes. A esa Logia asistían muchos masones de otras corrientes. En el Valle había gente de Regina y de Neuquén, sobre todo militares, muchos comisarios, y algunos políticos.”
 
En la Logia
 “Cuando me inicié La Logia funcionaba en el Tiro Federal de Roca, allí se montaba y se desmontaba la noche del miércoles el piso de mosaicos blancos y negros. Aún hoy participo. En Brasil me reconocen como Hermano Mason, solo que tengo voz, pero no voto. Aquí en Brasil la actividad no es discreta, como lo era en Argentina cuando yo vivía allí.”
Los años pasaron, y en 1983 el Aprendiz descubrió la actividad ilícita en la que participaba su hermano de la Logia, Boheme. Le tocó ser involuntario protagonista de una operación en la que se transportaba droga desde el Valle con destino a Córdoba. En la operación participaba Boheme, sus socios alemanes de Bariloche en connivencia con policías locales. “Boheme utilizaba claramente a la masonería como escudo, por el poder que le daba estar en ella, pero su conducta nunca sería aprobada por los masones, que fuimos simplemente engañados por él”, aclara su biógrafo.
 
Testigo involuntario
Canosa Sánchez manejaba en esa oportunidad la camioneta de Boheme. Le había pedido que lo acompañara hasta La Pampa. En una parada en una estación de servicio, ya en la vecina provincia, dos oficiales de la policía pampeana y un oficial de la Policía Federal, le preguntaron por Boheme. “Boheme, que estaba tomando un café, se acerca y me presenta como compañero de viaje. Al darles la mano supe que estaba entre hermanos masones”.
En adelante, esta condición será clave en todos los protagonistas de esta historia.
De cualquier modo la situación que se presentó esa madrugada lo inquietaba. Era mayo de 1983. “Boheme me dio la orden se seguir al Ford Falcon de la policía provincial y en menos de 10 minutos estaba estacionado en el frente del edifico de la Policía de la provincia de La Pampa. Luego de 30 minutos de espera, un Sargento golpeó mi ventanilla, pidiendo autorización para subir y emprender un viaje corto. Tenía miedo, no veía al Mayor del Ejército alemán al que acompañaba en ese viaje. Al arrancar, el sargento primero me dijo por dónde debía transitar, pidió autorización para fumar. Llegamos a destino. Era un pequeño cementerio de un pequeño pueblo, a pocos kilómetros de la capital pampeana. La noche estaba avanzada. Vi venir a otro auto. Respiré aliviado al ver a Boheme bajando del Falcon. Vi una camioneta Ford de doble cabina de la que bajaron más policías que se dirigieron rápidamente a un coche fúnebre carrozado del que bajaron 3 policías más que portaban dos carretillas. Sobre las carretillas apoyaron unas bolsas negras que eran transportadas hasta una fosa abierta. Los paquetes eran acomodados en el fondo de la fosa y con una pala fueron quebrados. La luz de la linterna mostraba un polvo blanco, encima fue colocada cal virgen y enseguida varios baldes de agua, todo en el más absoluto silencio. Luego vi que 6 policías traían un cajón de muerto que fue bajado a la fosa, se cubrió con tierra y partimos inmediatamente”.
El reloj marcaba las 5 de la mañana. El sargento primero le dijo: “Amigo Sánchez, el único consejo que puedo darle es el siguiente: No vio nada, no conoce a nadie y si algún día quiere contarlo, escriba un libro, pero dentro de 30 años.”
“El reloj marcó las 7 horas de esa madrugada fría del mes de mayo. Los seis desayunamos y nos despedimos con un apretón de manos, clásico de nuestra orden, y escuché decir al Oficial de la Policía Federal: “Todas las glorias a Dios, nada a mí“, y respondí “Todo en su nombre”.
 
Nazis
“Cuando todos se fueron, Boheme me ordenó que le buscara su portafolio que estaba detrás del asiento de la camioneta. Mi sorpresa mayor fue ver la cruz gamada marcada a fuego en el frente. Boheme sacó del portafolio una carpeta que me extendió. Era un salvoconducto firmado por El ministro plenipotenciario argentino con sede en Belgrado, Yugoslavia. Ese ministro era Francisco Javier Canosa, mi tío materno. Su misión nada tuvo a que ver con salvar gente común. Como más tarde puede saber por boca de mi propio tío, su tarea en tiempos de posguerra fue reclutar a unos 1000 personajes hitlerianos, a los que ayudó a salir de Europa por la denominada ‘Ruta del Vaticano’.”
 
Atando cabos
Aún así, Sánchez tardó en relacionar ese hecho con lo que había protagonizado esa noche en La Pampa. Pero fue atando cabos. “Entendí entonces que cuando Boheme conoció a mi tío dejó de ser un soldado del Tercer Reich, para convertirse en un mercenario. ‘Amigo Sánchez, me dijo Boheme aquella madrugada, todo tiene un comienzo, a partir de hoy le contaré mi vida, solo le pido que sea comprensivo y que analice todos los hechos’. Aquel día comenzó un nuevo capítulo en nuestra relación. Poco a poco me fue contando su historia, que incluía este aspecto tan oscuro como desconocido, el del traficante que usó a la Masonería, a Corpofrut y todo lo que estuvo a su alcance para comerciar drogas”. Canosa Sánchez le reprochó a Boheme que lo involucrara a él y a otros hermanos masones en semejante historia. “Me pidió que lo disculpara y fue entonces que me contó que esa noche había asistido a una negociación en la que se transportaban 285 Kg. de cocaína que iban en 4 ruedas de auxilio de la camioneta que venía desde Bariloche. Me dijo que en esa época no tenía a nadie en quien pudiera confiar. Obviamente me usó, me engañó, pero el juramento masón nos obliga a defender al hermano (una ayuda al hijo de la viuda, en código masón).”                                  
 
Klaus Barbie
Aquella noche, Canosa Sánchez se enteró de más. “La droga era introducida al país desde Bolivia. Klaus Barbie la enviaba desde Bolivia a Bariloche y Boheme era el encargado de su distribución.  Barbie, su mujer y sus dos hijos llegaron a Bolivia en 1951. Allí, adoptó el apellido de Altman (el del rabino de su pueblo natal) y comenzó a dirigir un aserradero en La Paz, negocio al que se dedicó antes de comerciar quinina y establecer relaciones con ex nazis refugiados en países vecinos y con los militares locales. Durante la dictadura del general René Barientos, quien llegó al poder en 1964 tras un golpe de Estado, Barbie fue nombrado gerente general de la compañía marítima estatal, la Compañía Transmarítima Boliviana, creada en 1967 con capitales públicos y privados, la que habría usado para traficar armas y drogas.
 
Con manzanas
Boheme, en contacto con Barbie, recibía en Bariloche la droga que llegaba desde Bolivia. Según relata Sánchez, Boheme le contó que solía transportarla con peras y manzanas hacia otros puntos, y que él mismo acompañaba en su distribución hacia Córdoba, Rosario y Buenos Aires. En Buenos Aires operaba una empresa de alemanes que juntaban a todos los recién llegados, era una sociedad anónima con sucursales en Bariloche, Córdoba, Santiago, La Paz y San Pablo. La empresa se llamaba “Capri” y su sede estaba en avenida Córdoba al 300. Allí Boheme habría tomado contacto con personajes como Carlos Fuldner, el croata Ante Pavelic, Adolf Eichmann, el belga Byttebier, y Hans Rudel, entre otros.  
Uno de los negocios que manejaba la firma era el comercio de drogas. “Comenzaron enviando metanfetamina (pervertin) a Europa en submarinos y, luego, la droga D-IX. Cuando Klaus Barbie se hace fuerte en Bolivia se dedican a la cocaína y se rearma el circuito, siempre con una base en Argentina que era Bariloche”, y utilizando rutas comerciales como lo fue la que recorrían las manzanas del Valle hacia el mercado interno y hacia el mercado externo. “Abastecieron  con submarinos ya obsoletos para uso militar hasta comienzo de los años 60 a Europa y las dos costas de Estados Unidos, la oeste a través de Chile, hacia donde se cruzaba en camiones de maderas”.
Esta asociación ilícita entre alemanes refugiados en Argentina, según afirma Canosa Sánchez en la investigación que le llevó años, fue posible por la connivencia de contactos locales que mantuvieron el secreto mediante el pago de importantes coimas, fundamentalmente en puestos fronterizos. “Estos alemanes fueron los primeros barones de la droga en el Cono Sur”, concluye.
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Comentarios de los lectores

01/07/2010 20:53  |   ignacio Una pieza periodistica impecable: Precisión, suspenso, veracidad, sonoridad de relato. Turco: no es una manzana. Boheme era parte de la dirigencia. era impulsor del negocio. que los que agacharan el omo fueran ignorantes de sus manejos, no quita que el negocio fruticola se uso -y se usa- para traficos ilicitos. Hay que preguntar a los chacareros de Barda del Medio quien es Coto, el hombre que embarco las manzanas con cocaina.
25/06/2010 16:01  |   Turco Es posible encontrar una manzana podrida en un cajón, que es parte de millones de cajónes que conforman la FRUTICULTURA en su conjunto. Es triste que a traves de esta manzana se generalice y se ensucie toda una cultura de trabajo de sol a sol de miles de familias valletanas que disfrutamos y vivimos de este hermoso trabajo regional. No creo que este personaje "José Francisco Canosa Sánchez" merezca otro protagonismo que no sea en la justicia, si sus declaraciones son ciertas; porque no cabe ninguna duda que es tan culpable como "SU HERMANO FIEL" como el describe a este Boheme. Es mi deseo y creo que el de muchos más, que los casos de esta última semana se traten de NARCOTRAFICANTES que usan a la FRUTICULTURA como mula para llevar su cargamento al otro continente y no miembros de la FRUTICULTURA que aprovechan de la estructura para hacer otros negocios. Pero dejemos a la justicia que actue y no hagamos juicios entre lineas. Un saludo para todos.
Canosa Sánchez (con lentes) junto a Albrecht Boheme Canosa Sánchez (con lentes) junto a Albrecht Boheme Albrecht Boheme Albrecht Boheme Boheme en los tiempos en que estaba al frente de la Cámara de Cervantes, junto al Comodoro Huerta. Fotos: Gentileza de José Francisco Canosa Sánchez Boheme en los tiempos en que estaba al frente de la Cámara de Cervantes, junto al Comodoro Huerta. Fotos: Gentileza de José Francisco Canosa Sánchez

Fragmentos del libro “Los primeros barones del narcotráfico”

En su libro inédito Sánchez Canosa hace hablar a Boheme en primera persona:
“Con el correr de los años me di cuenta que esa guerra había dejado de ser pasional, por el patriotismo que un soldado jura defender la patria hasta morir, para convertirse en un ‘sálvese quien pueda y como pueda’. Ya Capitán, vi como mis superiores habían deformado el espíritu patrio, pasando a dominar negocios ilícitos; como formar pelotones especiales para recuperar objetos de muertos, especializarse en el robo de arte sacro o en la distribución de drogas y alcohol entre los combatientes. La moneda corriente era cualquier cosa que pueda ser canjeada en el mercado negro”.
“Participé de forma indirecta en el atentado a Hitler en La operación mal llamada Walkiria (…). La guerra me enseño muchas cosas, entre las principales, a desconfiar. En Berlín había montado una red de espionaje (…) con un falso documento de licencia me dirigí a mi casa donde mi mujer Bertha aguardaba la llegada de nuestro primer hijo. Al día siguiente la SS irrumpió en mi casa con orden de asesinarme. Bertha, en su intento de preservar mi vida, se colocó delante del Teniente de la SS, recibiendo un disparo en el vientre. Como consecuencia perdimos no solo a nuestro hijo, sino también el deseo de tener otros. Los vecinos la socorrieron, lo que me dio tiempo para huir y presentarme en mi regimiento. Ahí las cosas eran diferentes, me entregué a mi superior contando lo que había sucedido, fui a prisión y aguarde el juicio soportando todo aquello que un ser humano puede soportar, picana eléctrica, submarino, tiros en ciertos lugares del cuerpo humano, etc. por suerte mi juicio fue rápido, tenían prioridad los desertores, los traidores a la Patria y en especial al Furher. Los juicios sumarios finalizaban en el día, mi coronel había logrado colocar un abogado militar de su confianza. Al presentarme ante la corte, lo hice colocando el escudo con La flor de La Dama de La Noche, era la señal durante la Guerra para indicar que pertenecía a una Orden Iniciática…”

Jose Francisco Canosa Sánchez

“Chacho” Sánchez  vivió en General Roca hasta 1988. Por la fruticultura llegó a Brasil, país donde reside hace 20 años junto a su esposa, Graciela Grassi, artista plástica.
Trabajó dos décadas como empleado de distintas empresas frutícola valletanas y conoce el capítulo comercial de la actividad. Cuenta que en 1988 en Brasil “con la gente de Fruta BOA, Dubby Mutchinick, Lorenzo Margiota y en asociación con PAI, se inician las exportaciones de Galas y Fujis brasileñas a Europa. “Fui yo quien le enseñó a los galpones de fruta de Vacaria, Fraiburgo, São Joaquin, Lajesa a clasificar la fruta de exportación y a almacenarla en frío, fue una experiencia muy buena para todos”.
También trabajó en Agro Industrial Valentino, empresa de capitales italianos que exportaba manzanas hacia Inglaterra. Recuerda especialmente el primer cargamento de manzanas que envió en el barco “Islas Malvinas”, que por primera vez llevó manzanas brasileñas a Inglaterra después del conflicto bélico de 1982. Actualmente Sánchez, que desde que se radicó en Brasil se llama José Francisco Canosa Sánchez, pues en este país se usa en primer término el apellido materno, y su esposa tienen un atelier donde venden los cuadros de ella, y manejan una distribuidora de vinos importados “Distribuidora Baco”. El matrimonio tiene 6 hijos, 5 radicados en Brasil y uno en Plottier.

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