Hace unas semanas comenzaron los primeros embarques de limones frescos argentinos hacia mercados de ultramar, con lo que campaña 2010 se dio por inaugurada.
Las perspectivas de la presente temporada son positivas desde hace meses, variando la intensidad del optimismo con el humor del mercado y las conversaciones que cada semana los exportadores tenían con sus clientes.
Si bien la coyuntura actual recuerda mucho al humor previo a la fatídica campaña 2008, hay variables que permiten augurar un mejor final, dependiendo básicamente de decisiones a tomar por industriales y exportadores.
Europa
El mercado del limón en Europa, durante octubre 2009 y marzo 2010, se dividió en dos grandes bloques. Por un lado, Europa occidental; donde primaban las ventas de limón español. Las ventas y los precios fueron más que satisfactorios hasta las fiestas de fin de año. Los precios iban aumentando levemente semana a semana, hasta la llegada del 2010, cuando hubo un stop en el ritmo de ventas, una caída de los precios y limón primofiori que comenzó a acumularse en los campos, sin ser cosechado.
Por otro lado, el segundo bloque estaba dado por los países del Este de Europa, donde reinaba el limón de origen turco. La situación de Turquía fue diferente, pues los precios nunca aumentaron, aun llegando a bajar cotizaciones en algunas semanas, pero manteniendo un ritmo de venta mas fluido.
Pero la situación vivida hasta fines de marzo cambio. El fin de las exportaciones turcas obliga a los países del Este, Balcanes y Rusia, a demandar limón español. Este motivo, mas el aumento de las temperaturas en Europa, permite que la demanda por el limon ibérico este creciendo, y con ello, que los precios mejoren con respecto a semanas atrás.
Argentina
Como
se comentó meses atrás en
FruticulturaSur.com, Tucumán vivió una sequía drástica entre mayo y noviembre de 2009. Si bien nadie se anima a adelantar números, todos coinciden en que la producción limonera es sustancialmente menor.
El motor que actualmente empuja la actividad es la Industria Procesadora, más que la exportación de fruta fresca. El hecho de que los stocks de productos industrializados sean muy bajos y que la demanda de los mismos permita colocarlos a precios récord, lleva a las principales industrias a ofrecer precios nunca vistos para la producción primaria. En un articulo publicado en este sitio, se anticipaba al lector la coyuntura de que las industrias no tendrían “limón industrial” para comprar (se llama así al limón que proviene de campos sin riego y sin cuidado necesario para exportación) y que tendría que competir con el sector exportador por el limón producido para el consumo en fresco. En estos momentos, las industrias están ofreciendo una gama de precios y contratos por demás favorables, y que van desde 240 dólares hasta 1000 pesos por la tonelada de limones.
Precios
Haciendo un análisis de rentabilidad económica, es fácil inferir que con estos precios ofrecidos por la industria, la exportación es casi inviable o por lo menos muy poco atractiva. Una tonelada vendida a industria es un negocio claro y que evita todas las variables de riesgo del mercado en fresco: reclamos del cliente, fruta con problemas al desembarco, problemas de cobranza, sacrificio financiero, etcétera.
De hecho, las estadísticas hasta la semana 14, mostraban una caída del 84% en las exportaciones de limones frescos.
Los principales exportadores argentinos, ante la demanda de fruta por parte de sus clientes, hicieron los números naturales: el costo de la fruta de industria, mas los gastos de exportación mas un margen de rentabilidad que justifique exportar. El primer número arrojado hacia fines de Febrero era de entre 20 y 22 dólares FOB la caja de 18 kilos. En esos momentos, los importadores tenían limón turco y español a muchos mejores precios.
Ahora que el limón en Europa esta con menos stocks, las conversaciones avanzaron, y los precios acordados se ajustaron a 17-18 dólares FOB por los 18 kilos, dependiendo de las calidades.
Por supuesto, que a medida que pasan las semanas y los importadores no logran cargar las cantidades que quisieran, aumenta la presión de la demanda y se comienzan a crear burbujas. El problema de estas burbujas es que nacen cuando el agua hierve, pero pueden seguir existiendo y flotando, aun cuando el agua que la origino se enfrió de golpe.
Riesgos
Frente a situaciones ya vividas, el mayor temor es que el mercado se recaliente y las variables sensibles de riesgo no sean medidas como se debiera.
El mercado de productos frescos se mueve de forma distinta al de los productos industriales. Los primeros son altamente perecederos, mientras los segundos pueden ser estoqueados por períodos larguísimos. Por lo tanto, una caída en la demanda o una sobreoferta en el mercado tienen consecuencias drásticas para el fresco, pero no tanto para los manufacturados (por lo menos en el corto plazo).
El análisis de la posible evolución del mercado no debería hacerse en base a una mera comparación de las cantidades acumuladas a una semana dada, entre dos años. El consumo de limón es diario o periódico. La unidad que no se vendió hoy no se puede vender mañana, pues las necesidades del consumidor tampoco son acumulativas.
Por lo tanto, lo ideal es hacer el análisis tomando en cuenta las cantidades desembarcadas en destino durante las últimas dos semanas, más las cantidades acumuladas que aun estén flotando de las últimas tres semanas de carga.
En este momento, la demanda de limón es alta, tanto por parte de la Industria como de los mercados consumidores, y los precios son también altos. Todo esto simplemente porque la campaña acaba de comenzar.
Mecánica importadora
Seguramente los precios que la Industria paga se quedaran en niveles elevados, pero la incógnita es el fresco. Una vez que llegue el primer limón a un cierto mercado, y que el importador sepa que tiene 5 semanas más de fruta flotando, la rentabilidad de la operación dependerá básicamente de la cantidad que se haya exportado cada semana.
En el año 2008, los precios de venta FOB para Rusia, el primer mercado que cargó limones en dicha temporada, llegaron a los 27 dólares por los 18 kilos. Puede parecer extraño, pero nadie pensó que el precio bajaría luego de que el importador descargara el segundo o tercer barco y a sabiendas de que venían flotando más limones, por lo menos para las siguientes 4 semanas. El resultado fue que los precios FOB aterrizaron a niveles históricos, a 12 dólares e incluso menos.
Mirando la posición de un importador, cualquiera sea el lugar donde esté ubicado, es bastante fácil entender por qué reacciona a la baja. Normalmente las decisiones se toman en una mezcla de necesidades y expectativas de corto y mediano plazo. La compra de limones se da por las primeras, pero el precio se fija por las segundas. Una vez que el importador es consciente de que existen 5.000 pallets en stock en el puerto, y flotan en el mismo momento 4 semanas de cargas en cantidades importantes ¿cómo asegurarle que en Argentina el limón es escaso y que la industria paga precios históricos? Su precio real de venta reaccionara en el corto plazo solamente de acuerdo a la oferta que exista en su mercado y las expectativas de los próximos desembarques. De hecho, los que terminan definiendo los valores para la fruta son compradores de cadenas y mayoristas, que no tienen la mínima noción que del limón se extrae aceite esencial, ni menos aun de los precios pagados por la industria.
Dinámica del mercado
No podemos terminar sin recordar la actual situación de los mercados de ultramar. Las ventas de fruta fresca en general son menores al año pasado y la dinámica del mercado es lenta. La crisis en estos países sigue presente y variables coyunturales como el desempleo siguen en niveles altos e inclusive creciendo. En resumen, Argentina tiene que saber que en Europa y Rusia no hay mercados para comercializar grandes volúmenes en períodos cortos de tiempo.
La lógica actual del mercado esta más enfocada a calidad óptima y con volúmenes regulados.
Hace solo dos años, las leyes económicas hicieron recordar, en el caso del limón, que el hecho de embarcar cantidades importantes en poco tiempo, aun a precios históricos, no es garantía de rentabilidad.
Mucho y caro, son palabras que no suelen ir de la mano.
La fortaleza de Argentina es que esta campaña tiene la posibilidad de asegurarse el precio que quiere para la fruta fresca, regulando la oferta, maximizando la calidad y enviando el excedente a la industria. Lamentablemente no pasa solo por ponerse firme con los clientes y explicar la coyuntura productiva nacional. Son los volúmenes y la calidad los que regulan. El riesgo es no ser conscientes de ello y no saber aprovechar la posición en el juego.