Quizá porque finalizada la etapa más ardua de la cosecha todo está tranquilo y no pasa mucho, a alguien se le ocurrió que se podía volver a hablar del muerto que todos mataron; el PFI, al menos para que parezca que los gobiernos se ocupan de los temas de la economía frutícola. El Plan, quedó demostrado, es un buen entretenimiento. Todos quienes participaron durante tres años en su construcción lo saben. Por eso quedaron inmovilizados por la suma de desatinos que desarmaron progresivamente el trabajo realizado, desde la pelea de las provincias por controlar los fondos que bajarían alguna vez desde Agricultura, salteando el proyectado órgano de gobierno colegiado, hasta el derrape de Nación, donde desinformados funcionarios de segunda línea tomaron las riendas del manejo de los fondos con el guiño de alguna dirigencia política local.
Pero los desatinos no fueron sólo de los gobiernos, a quienes siempre es más fácil echar culpas. Es necesario sincerarse. Cuando se enteraron que las retenciones frutícolas bajarían del 10 al 5 por ciento, los empresarios abandonaron el Plan primero y lo boicotearon después. Los chacareros aportaron lo suyo cuando aceptaron, y hasta reclamaron, que una vez más los fondos para los programas se conviertan en los subsidios de siempre.
Mientras tanto se llegó a la nueva cosecha y la posibilidad del conflicto post liquidaciones quedó conjurada. La intervención de la Secretaría de Comercio Interior no sirvió para nada, pero fue oportuna porque evitó que la sangre llegue al río, desactivo la disputa en el momento más álgido.
Llegado abril, el ciclo se prepara para su reinicio, como los frutales. Vienen muchos meses por delante hasta que el conflicto regrese y es necesario tomar la iniciativa. En eso anduvo esta semana el ministro de Producción rionegrino, Juan Accatino. Según informó a través de un comunicado, el próximo miércoles 21 se reunirá en Buenos Aires, junto a funcionarios neuquinos, con la secretaria de Agricultura Familiar de Nación, Carla Campos Bilbao, con quien analizará “la marcha del Plan Frutícola Integral”.
El comunicado es llamativo, pues Campos Bilbao ya no sabe a quien más decirle que no quiere el PFI. Como si las señales no fuesen suficientemente claras, Accatino agregó que “vemos con preocupación el anuncio realizado durante la reunión del Consejo (Federal Agropecuario realizado hoy en Rosario) sobre la reducción en un 50 por ciento del presupuesto nacional destinado a la partida Economía Regionales. Si esto es así, entendemos que el PFI, que obtiene su financiamiento de esta partida, verá reducido su presupuesto en esa medida”, caviló matemático. “Sin embargo creo que no hay que adelantarse a los hechos, en este encuentro con la funcionaria vamos a pedir las explicaciones necesarias e insistiremos en que se respete el compromiso asumido por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en octubre de 2008 en Villa Regina, que dotaba al PFI de 80 millones para las provincias integrantes del mismo, de los cuales 40 iban destinados a Río Negro. Si bien la partida de Economías Regionales puede haber variado, solicitaremos que sea compensado el monto necesario con otras partidas de fondos nacionales”, completó.
La idea de Nación es, en el mejor de los casos, volver a hacer lo mismo pero con otro nombre. Ahora se habla del “Plan Nacional Agroalimentario y Agroindustrial del Bicientenario”, un proyecto que Accatino interpretó muy bien: “este nuevo plan integral (por el del Bicentenario) seguramente va a incorporar en su estructura al PFI”. El único detalle es que el PFI ya estaba listo en 2008.