El consultor Alfredo Palmieri recuerda que seis décadas atrás los frutales se plantaban a 7 metros de distancia entre sí, había unos 200 árboles por hectárea y entraban en producción entre 12 y 14 años después. En aquel mundo de menores urgencias y tentaciones, las familias se autoabastecían en las chacras con la granja y la huerta.
Luego de aquellas 200 plantas de los ‘50, con la etapa de la espaldera iniciada a fines de los ‘60 se pasa a unas 600 plantas. A fines de los ‘70 y ya en los ‘80 la densidad crece a entre 1.200 y 1.500, con vigencia hasta estos días.
La tendencia internacional, señala Palmieri, es de entre 2.500 y 3.500, con unos 3,30 metros de distancia entre filas y entre 70 y 90 centímetros entre plantas, cantidad que varía según la composición de los suelos. “En la actualidad, el paradigma de las plantaciones de frutales en el mundo plantea la necesidad de igualar el flujo de gastos en el tercer año y recuperar la inversión en el sexto. Para ello, las producciones acumuladas en el quinto año deben ser de 100 toneladas por hectárea. Estamos bastante lejos de eso en la región”, explica.
Clubes y patentes
Palmieri advierte que no debe desconocerse que en los mercados más importantes trabajan organizaciones de clubes mediante los cuales los propietarios autorizan a empresas comercializadoras a que vendan sus variedades en determinados países. Remarca que Chile, por ejemplo, ya incorporó a través de este mecanismo la manzana neozelandesa Jazz o la canadiense Ambrosia.
Pablo Moratti, de la Secretaría de Fruticultura rionegrina, admite esta realidad, aunque afirma que de momento no adquiere relevancia en la región: “Hasta ahora no tiene incidencia, ya que es algo para productores de avanzada o de vanguardia. La gran masa de productores va a lo conocido y no paga royalties”.
Tendencias varietales
En cuanto a las variedades hacia las que se reconvierte, las peras se mantienen en el probado circuito de Williams, Packhams y D'Anjou, aunque la Fetel crece en superficie. En las manzanas rojas, la familia de las Galas mantiene su preponderancia, con la Galaxy, la Brookfield y sus clones a la cabeza, a tono con las exigencias de buena coloración de los clientes externos. De acuerdo con el panorama que completa el director provincial de Fruticultura, la Pink Lady (que paga royaltie) está cerca de su techo en Río Negro. En cuanto a las verdes, la Granny Smith demostró ser la más voluble: el año pasado su producción fue a pérdida.
Moratti sostiene que los productores aprendieron que no se puede tomar la decisión de renovar o incorporar variedades de un día para el otro, que es necesario testear, no depender de un dato sino observar procesos. Y también que la experiencia marca otro detalle: “A dos buenas temporadas consecutivas le siguen inversiones y renovaciones. Después de dos temporadas malas, nadie se mueve”.