Reconvertir una hectárea cuesta entre 25.000 y 28.000 dólares, importe que incluye la defensa contra las heladas con riego por aspersión. Las cifras surgen de un amplio estudio realizado por el INTA Alto Valle entre 2004 y 2006, con la intervención de técnicos del organismo, del sector privado y de la Universidad Nacional del Comahue, quienes evaluaron cada paso del proceso. La suma fue actualizada en octubre de 2008.
– ¿Qué pasó desde entonces a hoy? –preguntó FruticulturaSur.com a Patricia Villarreal, especialista del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y una de las autoras de la investigación.
– Si tomamos como referencia que el costo en dólares se mantuvo en valores similares a los del 2008-09 debido a la devaluación del peso de 3,25 a más de 3,80, podríamos suponer que el costo de plantación de una hectárea de manzanas y peras mantuvo los valores de 2008 expresados en dólares. Comprende todas las inversiones y tareas necesarias para la formación de la plantación hasta que alcance una producción comercial. Este período insume entre 3 a 4 años, dependiendo de la combinación portainjerto-variedad, la densidad de plantación y el sistema de conducción elegido –respondió la ingeniera agrónoma. Otras fuentes oficiales y privadas consultadas coincidieron en la estimación.
Déficit de reconversión
El Alto Valle tiene un ritmo de renovación de alrededor del 4% anual, demasiado lento como para compensar el alto grado de obsolescencia que alcanzó la región durante los duros años ’90 y que hoy se estima en 60%.
Tras la devaluación de fines de 2001, comenzó a recuperarse a razón del 2,8% anual y trepó al 4% en 2005, como surge del último censo agrícola. Las ventas de los viveros que constan en las declaraciones juradas, las plantas que atraviesan la barrera de Funbapa y el desarrollo del negocio frutícola en las últimas temporadas hacen presumir que este último índice se mantiene. Conviene aclarar que está empujado por las inversiones de los grandes jugadores del mercado en mucha mayor proporción que en los movimientos de los pequeños y medianos productores, que sólo pueden acceder a créditos a corto plazo para financiar un cambio a largo plazo. Aún se está lejos del 10% anual de Nueva Zelanda, el país líder en la materia.
–Hay que renovar. Por razones biológicas, ya que se cumplen ciclos. Y por razones comerciales: hay que producir lo que se consume –señala el ingeniero agrónomo Pablo Moratti, director general de la Secretaría de Fruticultura de Río Negro. En su opinión, una tasa de reconversión de entre el 6 y el 7% sería más que suficiente en una zona que destina 31.000 hectáreas a las peras y las manzanas sobre un total de 39.000 dedicadas a la fruticultura.
¿Qué se planta?
El censo de 1993 indicó que las manzanas ocupaban el 70% de esa superficie y las peras un 30%. El de 2005 reveló que esa relación se había igualado, una tendencia que se mantiene hoy. En cambio, continúa la progresiva retracción de los frutales de carozo: los que se erradican no se reponen.
Financiación y aportes de Nación
“Aunque hemos mejorado, seguimos con problemas. Hay mucho por renovar”, afirma Moratti. “Uno de los problemas más importantes es que no hay líneas de crédito adaptadas a una actividad en la que invierto hoy, empiezo a recuperar a los 3 o 4 años y termino en 7, 8 o hasta 10 años. Se tienen que financiar de su propia actividad. Es difícil quebrar ese círculo vicioso, meter una cuña para transformarlo en virtuoso. Pese a que hay esfuerzos, no alcanza”, agrega.
Entre los esfuerzos menciona un programa del hoy Ministerio de Agricultura de la Nación que en la temporada 2006/07 aportó 268.908 plantas a 317 productores por un monto de 1.316.840 pesos; en la 2007/08 entregó 360.856 plantas a 319 productores por 2.242.698 pesos y en la 2008/09 dio 215.559 plantas a 192 productores por 2.087.528 pesos.
Limitante cultural
Además del financiamiento, Moratti menciona la necesidad de un cambio cultural, una apertura al cambio. “Muchos productores creen que si tienen la planta, el poste y el alambre ya está. Y no: reconvertir es mucho más que eso. Lo que se ve es una cuarta parte de lo que se necesita. Durante los años siguientes hay que ponerle mano de obra, fertilizantes y agua a cada planta, además del riego por aspersión contra las heladas. La parte buena es que se recupera la inversión en mucho menos tiempo, pero muy pocos lo hacen. Por eso también es un tema cultural: ¿cuánto tiempo llevó pasar de 600 a 1.200 plantas por hectárea? Años...”, concluye.